jueves, 26 de enero de 2012
Luna, déjame que te comparta
Otro símbolo especial para mí. Aquella que está, y que, aunque no veas, la sientes. Como esa luz cuando todo lo demás se apaga, se oscurece, con sus momentos de crecimiento, sus caídas hacia la nada y sus ocasionales -quizás por esto tan especiales- eclipses. La bombilla que no falla aunque la tempestad se empeñe en ocultar y engañar, cruzándose siempre con el ojo que la busca, mirando a las nubes desde arriba, con ese aire de desprecio que sólo destilan los que verdaderamente lo merecen. No te engañará jamás, y se encarga de arrojar un punto de referencia con su sola presencia si así lo necesitas. La que comparte por igual amor e ira, alcohol y lágrimas, sin distinción alguna. La que oye tanto los fríos sonidos emitidos por los cuerdos como los cantos multicolor que a veces los locos ofrecen.
Esta noche a tu ventana tira piedras la luna.
lunes, 23 de enero de 2012
Excepcional
Dicen que los locos tienden a aislarse. Lo que no dicen es que, en muy contadas ocasiones, llegan barcos, que se cruzan, de forma casual, con su isla. Barcos cuyo timonel no puede evitar, sea por curiosidad o cualquier otro impulso primario, bajarse y explorar. Y es cuando se encuentran con ese loco encerrado, cuando cruzan miradas, palabras, y lo que la curiosidad y demás impulsos desean; es ahí cuando comienzan a darse cuenta de que ni el loco es tan loco, ni el cuerdo tan cuerdo. Es cuando los matices y colores se hacen infinitos. Es uno de esos momentos, uno de esos. Uno especial, diferente.
Y lo es precisamente porque es excepcional. Lo es porque no todos los días se encuentran islas para naufragar, lo es porque supone un pico, una salida de esa media tan angustiosa. Por desgracia, la excepcionalidad es un don escaso por definición. Si esto ocurriera más a menudo, se convertiría en corriente, en vulgar, y se apuntaría en el diario de viaje: "Nada que reseñar".
Es por esto mismo que, por mucho que nos pese a veces, elegimos la otra vía, la diferente, la difícil, pero sin duda alguna, joder, la mejor. Porque ir contracorriente es duro, sí, pero de vez en cuando, al secarse el agua que empaña los ojos, todo se ve más claro, todo se ve. Y es un precio muy digno a pagar.
Por lo tanto, esperar que todo despierte algo en nosotros no es más que una vía hacia la desesperación, y de las más rápidas; no esperar nada y sorprenderse, aunque sea muy de vez en cuando, es lo más cercano a un milagro que yo he conocido.
Aun así, no es fácil comprender a los llenos, a los felices, a los que ya se han cansado de buscar y se tapan los ojos creyendo que han encontrado, y se niegan ya a seguir buscando, en definitiva, a los muertos. Y sí que es fácil desquiciarse buscando su fórmula, el problema es que, una vez que has derrumbado el muro de delante, ese que pone con pinturas en escala de grises: "Soy feliz", jamás vas a querer o poder reconstruirlo. Y no es esto, en absoluto, malo o evitable, todo lo contrario. Para derribarlo hay que tener valor, y tú lo tienes, no te engañes. No te tortures, no lo hagas en exceso, al menos. A veces es bueno torturarse, aunque sea un poco, para así encontrar algo de alivio.
Y si quieres torturarte, al menos déjame escuchar el sonido del látigo, y así poder reírnos juntos. Y si quieres hacerlo, hazlo en mi barca, que siempre es lo suficientemente grande para quien lo merece. Pero déjame mi rato de oscuridad, que mis demonios son muy tímidos. No te preocupes, no volveré. Porque nunca me voy a ir. No si tú no quieres. Miraremos a los malditos benditos, y brindaremos por haber elegido lo contrario, por montar en la barca y remar río arriba, montaremos con tu látigo, con mis demonios, y nos reiremos de los que pasan río abajo, disfrutaremos de sus caras de cuerdos mirando con incredulidad hacia nosotros. Siempre que tú quieras. Ya sabes, tú eliges.
Y lo es precisamente porque es excepcional. Lo es porque no todos los días se encuentran islas para naufragar, lo es porque supone un pico, una salida de esa media tan angustiosa. Por desgracia, la excepcionalidad es un don escaso por definición. Si esto ocurriera más a menudo, se convertiría en corriente, en vulgar, y se apuntaría en el diario de viaje: "Nada que reseñar".
Es por esto mismo que, por mucho que nos pese a veces, elegimos la otra vía, la diferente, la difícil, pero sin duda alguna, joder, la mejor. Porque ir contracorriente es duro, sí, pero de vez en cuando, al secarse el agua que empaña los ojos, todo se ve más claro, todo se ve. Y es un precio muy digno a pagar.
Por lo tanto, esperar que todo despierte algo en nosotros no es más que una vía hacia la desesperación, y de las más rápidas; no esperar nada y sorprenderse, aunque sea muy de vez en cuando, es lo más cercano a un milagro que yo he conocido.
Aun así, no es fácil comprender a los llenos, a los felices, a los que ya se han cansado de buscar y se tapan los ojos creyendo que han encontrado, y se niegan ya a seguir buscando, en definitiva, a los muertos. Y sí que es fácil desquiciarse buscando su fórmula, el problema es que, una vez que has derrumbado el muro de delante, ese que pone con pinturas en escala de grises: "Soy feliz", jamás vas a querer o poder reconstruirlo. Y no es esto, en absoluto, malo o evitable, todo lo contrario. Para derribarlo hay que tener valor, y tú lo tienes, no te engañes. No te tortures, no lo hagas en exceso, al menos. A veces es bueno torturarse, aunque sea un poco, para así encontrar algo de alivio.
Y si quieres torturarte, al menos déjame escuchar el sonido del látigo, y así poder reírnos juntos. Y si quieres hacerlo, hazlo en mi barca, que siempre es lo suficientemente grande para quien lo merece. Pero déjame mi rato de oscuridad, que mis demonios son muy tímidos. No te preocupes, no volveré. Porque nunca me voy a ir. No si tú no quieres. Miraremos a los malditos benditos, y brindaremos por haber elegido lo contrario, por montar en la barca y remar río arriba, montaremos con tu látigo, con mis demonios, y nos reiremos de los que pasan río abajo, disfrutaremos de sus caras de cuerdos mirando con incredulidad hacia nosotros. Siempre que tú quieras. Ya sabes, tú eliges.
No hay mundo perfecto
Que nos consiga conquistar
La mierda, lo cierto,
Es que nos une un poco más
miércoles, 18 de enero de 2012
La insoportable levedad del ser
Amo y odio por igual a aquellas personas capaces de ilusionarse con cualquier menester, sea cual sea. Las amo porque la considero una enorme virtud, capaz de cambiar la química cerebral de tal forma que todo se les hace más llevadero. Las odio porque apenas he saboreado esa sensación. No recuerdo el último momento en el que mi cabeza dejó sitio a tal pensamiento. Ni siquiera sé si estar allí es mejor que estar aquí, supongo que tendrá la contraparte de la invidencia que causa el confeti y el algodón continuo. No todo será bonito en el cielo de los idiotas. Espero. No lo sé. No sé absolutamente nada y eso me gusta e inquieta a partes iguales.
El caso es que todo se presenta con un saludo tan sobrio como desalentador, todo se reduce a nada con una facilidad que obliga a replantearse hasta el hecho o pensamiento más efímero y vacuo. Ya no puedo taparme más los ojos y respirar como si nada, pero también tengo miedo irracional, instintivo quizás, a la desorientación... igualmente ya he asumido que he de cargar con ello. ¿Pensarán Ellos lo mismo? ¿Cómo son capaces de sobrellevarlo? Yo no soy capaz de acallar las voces de mi cabeza, ni tampoco lo quiero así. La búsqueda de la felicidad me llega a parecer absurda, si es por el camino de la ignorancia o el alienamiento, yo no la quiero. Por lo tanto, queda la vía hedonista o la autodestructiva, o ambas... aún así, no es suficiente. No me llena.
La visión del futuro me aterra, esa necesidad de aferrarse a cualquier cosa con tal de seguir, con tal de creer que la siguiente bocanada de oxígeno tendrá algún sentido. Me parece un inmenso error agarrarse a cualquier persona o cosa con el único fin de seguir: dar sentido a una vida con otra. Es absurdo. Una fantasía de adolescente. Sin embargo aún siguen quedando momentos y seres que consiguen desbordar el vaso, aunque sea de forma momentánea. Se hacen así muy cuesta arriba las obligaciones, mirándolo desde el balcón donde hoy me encuentro. Todo me parece absurdo hoy, absurdo y bello a la vez.
Gracias a la inspiración que otorgan las lecturas sobre nihilismo y, sobretodo, a la vulpina que regala esos ratejos de psicoanalista argentino (sin llamarse Gonzalo) y a la vez filosóficos con acento alemán.
bright and early for the daily races
going no where
going no where
El caso es que todo se presenta con un saludo tan sobrio como desalentador, todo se reduce a nada con una facilidad que obliga a replantearse hasta el hecho o pensamiento más efímero y vacuo. Ya no puedo taparme más los ojos y respirar como si nada, pero también tengo miedo irracional, instintivo quizás, a la desorientación... igualmente ya he asumido que he de cargar con ello. ¿Pensarán Ellos lo mismo? ¿Cómo son capaces de sobrellevarlo? Yo no soy capaz de acallar las voces de mi cabeza, ni tampoco lo quiero así. La búsqueda de la felicidad me llega a parecer absurda, si es por el camino de la ignorancia o el alienamiento, yo no la quiero. Por lo tanto, queda la vía hedonista o la autodestructiva, o ambas... aún así, no es suficiente. No me llena.
La visión del futuro me aterra, esa necesidad de aferrarse a cualquier cosa con tal de seguir, con tal de creer que la siguiente bocanada de oxígeno tendrá algún sentido. Me parece un inmenso error agarrarse a cualquier persona o cosa con el único fin de seguir: dar sentido a una vida con otra. Es absurdo. Una fantasía de adolescente. Sin embargo aún siguen quedando momentos y seres que consiguen desbordar el vaso, aunque sea de forma momentánea. Se hacen así muy cuesta arriba las obligaciones, mirándolo desde el balcón donde hoy me encuentro. Todo me parece absurdo hoy, absurdo y bello a la vez.
Gracias a la inspiración que otorgan las lecturas sobre nihilismo y, sobretodo, a la vulpina que regala esos ratejos de psicoanalista argentino (sin llamarse Gonzalo) y a la vez filosóficos con acento alemán.
bright and early for the daily races
going no where
going no where
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