Este frío me va a matar.
Fue un día, no recuerdo cuando, aunque no haya pasado tanto tiempo, cuando me fijé en él. Navegaba en mares de brea cuando lo vi saltar. Apenas levantaba el vuelo por encima de la superficie, pero allí estaba, majestuoso, mostrando con un simple gesto esa expresión que tanto me gusta, ese: "aquí estoy yo".
Cuando lo seguí, no estaba seguro a donde me dirigía yo, ni a donde me dirigiría él. Solo sé que desde el momento que empecé a seguirlo, comencé a sentirme a gusto. Escogió la desembocadura de un río para subir río arriba, como quien escoge un revólver para suicidarse. Parecía absurdo, pero no lo era.
Y en el camino que he conseguido acumular, remando, he visto cómo ha sido capaz de esquivar obstáculos, cómo se ha alimentado de sus propias fuerzas para seguir, cómo, a pesar de ser herido, ha conseguido reponerse y seguir río arriba. Y me ha gustado.
Durante la travesía he tenido la suerte de, a ratos, tener que ensanchar mi barca, la compañía así lo merecía. Siempre hay algún momento en el que, queramos o no, necesitamos dormir. Y ha sido en esos momentos cuando mi barca, repleta de carne, humo y líquidos sin determinar, a las manos de extraños íntimos, ha seguido su camino para, cuando he querido despertar, haberme visto como el que despierta tras un día de resaca, ya con el sol caído a los pies de la luna, y esta, desvergonzada, se atreve a brillar incluso más que de costumbre.
Es por esto y sólo por esto por lo que admiro de tal forma a un animal tozudo por instinto. Quizás (o más bien, seguro) yo no lo haga por instinto, ni las razones que yo tenga pueda compartirlas con ese pez, pero es que, sinceramente, después de esto, dudo que pudiera seguir viviendo en el mar, tan tranquilo, con tanta ausencia de paisajes, alejado de la frondosidad y los ramajes donde juegan a asomarse los animales. Para encontrar la corriente en el mar debes sumergirte y esto implica necesariamente no respirar, y eso a mí, como humano no me va. Desde el aspecto fisiológico hasta el infinito. Prefiero chocar con la corriente de frente, hacer cara al agua que salpica mi rostro muy de vez en cuando y seguir, seguir hasta donde me lleve, no la corriente, sino mi fuerza para seguir nadando.
Y escapar de vez en cuando dando saltos (aunque ello implique exponerme a las fieras) por momentos que, aunque parezcan efímeros, se hacen eternos en el laberinto que llaman memoria. Describiendo una trayectoria puntiaguda en el plano, dibujando los picos que tanto me gustan. Aunque eso implique hundirme ocasionalmente tras mi caída del aire. Me parece que se acerca más a mi concepción de vida que la línea quasi recta que dibujaría por mi trayecto a través del mar. Elegí, y elijo, pues, mi vida a través del río, ni a favor ni en contra de la corriente, sino en la que yo mismo sea capaz de dibujar.
siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón...
martes, 13 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
Sigues vivo, cabrón
Es una de las dudas que me asaltaban, y es ahora, con la distancia que sólo es capaz de crear el tiempo, cuando me creo capaz de escribir esto. Es ahora, por qué no decirlo también, cuando he reunido los suficientes cojones para hacerlo, no porque antes estuvieras ausente, ni mucho menos: impregnas con tu aroma un porcentaje considerable de mis pensamientos y, con ello, mis actos. Tampoco es de extrañar, soy parte de ti y tú de mi. Es innegable.
Me crié viendo como tus ausencias llenaban mi plato, y pronto comencé a valorarlo. Tampoco me dejabas solo, siempre tuviste una fiel guardiana que esperaba en la retaguardia y fue capaz de darme su parte. Tus llegadas siempre eran acontecimiento, y servías para romper mi rutina, me daba igual dormir en el sofá de cualquier bar, abría los ojos y allí estabas, sólo quería eso.
Quizás sea por esto por lo que odio tanto la monotonía, quizás hayas calado más hondo incluso de lo que yo creía. Quizás el ambiente de bar, el whisky y el Winston no me gusten, puede que mis propios sentidos me engañen por darte tu merecido homenaje. Nunca lo sabré.
Siguen grabados a fuego esos recuerdos, los tazos a la hora de comer, el respeto que imponía una sola mirada tuya. Tu visión lúcida, precursora del intento que es la mía. De eso sí que estoy seguro.
Nunca fuiste un santo, y gracias, gracias por esto en particular. No introdujiste dogmas en mi cabeza, más bien los extrajiste cual preciso cirujano, sin darte ni cuenta, pero lo hiciste. No dejabas indiferente, y eso me encantaba, y me sigue encantando. Tuviste los cojones suficientes para hacerte un hueco, tu hueco, y luego, tuviste los cojones suficientes para abandonarlo, creyendo que era lo mejor. No voy a entrar a juzgar esto en particular, en parte porque yo soy resultado de esta decisión. No podría escribir esto si te hubieras decantado por el otro camino.
Y fuiste consecuente, de forma consciente decidiste llenar tu vida con algo que, en el momento que escribo esto, a mi me parecen obstáculos. Es curioso que diga esto formando parte de esos obstáculos, pero permíteme esa contradicción. Tu viento cambió... y cuando no había viento, soplabas.
Dicen que sólo las personas a las que realmente quieres son capaces de hacerte daño. Yo estoy seguro de lo primero, pero no recuerdo con claridad demasiados ejemplos de lo segundo. Y si lo hago, se difuminan en mi mente aplastados por todo lo demás. Todo lo bueno.
Sólo recuerdo un consejo tuyo, no eras de muchas palabras, por ello las pocas que ofrecías tenían ese enorme valor. Lo recuerdo como si lo viviera ahora, aún me veo cerca de ese semáforo, sentado en el asiento del copiloto escuchándote:
"No te eches novia, nunca". Así me lo dijiste, así lo recuerdo. No te hice caso. Y me equivoqué. Tú no tendías a la sobre protección, cuanto te lo agradezco. Ni lo imaginas. Tampoco te podrías imaginar cómo es de grande aquel agujero que poblabas, pueblas y, con toda certeza lo digo, poblarás.
Porque la única vida que vivimos es la que recordamos, porque los únicos vivos son los que añoramos, tú sigues muy vivo, cabrón.
As the years go passing by
Me crié viendo como tus ausencias llenaban mi plato, y pronto comencé a valorarlo. Tampoco me dejabas solo, siempre tuviste una fiel guardiana que esperaba en la retaguardia y fue capaz de darme su parte. Tus llegadas siempre eran acontecimiento, y servías para romper mi rutina, me daba igual dormir en el sofá de cualquier bar, abría los ojos y allí estabas, sólo quería eso.
Quizás sea por esto por lo que odio tanto la monotonía, quizás hayas calado más hondo incluso de lo que yo creía. Quizás el ambiente de bar, el whisky y el Winston no me gusten, puede que mis propios sentidos me engañen por darte tu merecido homenaje. Nunca lo sabré.
Siguen grabados a fuego esos recuerdos, los tazos a la hora de comer, el respeto que imponía una sola mirada tuya. Tu visión lúcida, precursora del intento que es la mía. De eso sí que estoy seguro.
Nunca fuiste un santo, y gracias, gracias por esto en particular. No introdujiste dogmas en mi cabeza, más bien los extrajiste cual preciso cirujano, sin darte ni cuenta, pero lo hiciste. No dejabas indiferente, y eso me encantaba, y me sigue encantando. Tuviste los cojones suficientes para hacerte un hueco, tu hueco, y luego, tuviste los cojones suficientes para abandonarlo, creyendo que era lo mejor. No voy a entrar a juzgar esto en particular, en parte porque yo soy resultado de esta decisión. No podría escribir esto si te hubieras decantado por el otro camino.
Y fuiste consecuente, de forma consciente decidiste llenar tu vida con algo que, en el momento que escribo esto, a mi me parecen obstáculos. Es curioso que diga esto formando parte de esos obstáculos, pero permíteme esa contradicción. Tu viento cambió... y cuando no había viento, soplabas.
Dicen que sólo las personas a las que realmente quieres son capaces de hacerte daño. Yo estoy seguro de lo primero, pero no recuerdo con claridad demasiados ejemplos de lo segundo. Y si lo hago, se difuminan en mi mente aplastados por todo lo demás. Todo lo bueno.
Sólo recuerdo un consejo tuyo, no eras de muchas palabras, por ello las pocas que ofrecías tenían ese enorme valor. Lo recuerdo como si lo viviera ahora, aún me veo cerca de ese semáforo, sentado en el asiento del copiloto escuchándote:
"No te eches novia, nunca". Así me lo dijiste, así lo recuerdo. No te hice caso. Y me equivoqué. Tú no tendías a la sobre protección, cuanto te lo agradezco. Ni lo imaginas. Tampoco te podrías imaginar cómo es de grande aquel agujero que poblabas, pueblas y, con toda certeza lo digo, poblarás.
Porque la única vida que vivimos es la que recordamos, porque los únicos vivos son los que añoramos, tú sigues muy vivo, cabrón.
As the years go passing by
martes, 6 de diciembre de 2011
La luz oscura
- Ya no había nada. Nada. Sólo oscuridad. Qué importa qué fue lo que pasó, o lo que no pasó. Lo importante es que seguimos aquí, que la luz natural ya no existe y que todo ha cambiado.
Al holocausto sobrevivieron los suficientes para una representación teatral de lo que anteriormente era el mundo, estadísticamente se adecuaban perfectamente a la metáfora del absurdo en el cual solíamos vivir, es decir: había un buen puñado de idiotas, todos ellos sentando cátedra cada vez que osaban abrir la boca, que por desgracia, era a menudo y, por otro lado, un pequeño reducto de idiotas a los ojos de los primeros, y digo a los ojos para que me entiendas, ya no se veía nada. Nada.
Todo cambió con un encuentro casual, un ciego, que se había convertido en un hábil habitante de aquel inhóspito lugar, probablemente debido a su correcta adaptación al mundo, o a su suerte, llámalo como más quieras, encontró un extraño objeto. Se dispuso a manosearlo como acostumbraba, encontrando un pequeño círculo en un extremo que parecía ser un interruptor. Pronto se dio cuenta de su hallazgo y se apresuró a esconderlo, al igual que el avaro esconde su posesión más preciada, al igual que el adicto esconde su (pen)última dosis.
Hay que tener en cuenta que, en un mundo reinado por la oscuridad, quien poseyera la luz, poseía la capacidad de hacer ver a aquellos que él eligiera, lo que él eligiera. Y así lo hizo, y no tardo en elevarse, por propios y extraños, a la categoría de semi-dios.
Él era la vista de todos y cada uno de los habitantes de aquel lugar. No se tardó en encontrar su carne inanimada esparcida por lo que antiguamente era su hogar, sumido ahora en la más profunda penumbra, en una paradójica alegoría de lo que había sido su vida entera. La luz no se volvió a ver durante un largo tiempo, tanto que algunos ya tomaban esta vieja historia como una leyenda de borrachos o de niños, ambos comparten fantasía y realidad a partes iguales.
Un buen día, se hizo la luz más intensa que cualquiera fuera capaz de concebir en su mente, un enorme edificio se iluminó cual estrella, a lo que la gran masa, como polillas, no tardo en acudir. El supuesto asesino presidía el balcón de este gran edificio iluminado, con una máscara hábilmente colocada sobre su faz para no dar signo alguno de cavidad o accidente geográfico en su cara. Esta máscara no era más que la cara de un humano, pero deformada hasta la monstruosidad, fea como sólo pueden ser las cosas, como sólo puede apreciar la vista. Este se dirigió a todos los que allí se acercaban, y, sin articular ni siquiera una palabra, señaló un cartel que había junto a una gran puerta de entrada. El cartel rezaba:
“Quien de aquí pase, sea por que ha tomado la decisión adecuada”.
Todos se miraron sin saber realmente qué significaba el cartel, ¿cuál era esa decisión trascendental? ¿Qué elección les abriría las puertas de aquel lugar que parecía el cielo terrenal? ¿Qué concesión debían hacer?
Todos volvieron a mirar al balcón, a lo que, desde lo alto, un dedo volvió a indicar la línea recta que debían seguir los ojos, con las pupilas ya dilatadas debido al efecto de la inmensa luz, y se vislumbró una vidriera que tenía crucificado, con 4 clavos dorados, uno en cada punta, un contrato que decía:
“A cambio de recibir luz que dote a mi vista de utilidad, yo renuncio a todos mis demás sentidos, renuncio al tacto que me permite notar lo frío del cristal que refleja nuestra cara de idiotas, renuncio a los olores que cubren mi mente y evocan recuerdos, renuncio al ácido que noto dando vueltas por mi boca en este instante, renuncio a escuchar el susurro creciente de la gente que aquí y ahora me rodea. No he de dar nada más a cambio.”
Como buena muchedumbre idiota (ambos suelen ir unidos), pronto se empezaron a escuchar gritos pidiendo el contrato, puesto que sólo había uno allí, a modo de expositor, de maniquí de la ignominia. Además, estaba cubierto de un frío cristal, que no olía a nada, que no sabía a nada, que no sonaba a nada. Muchos se apresuraron a firmar, pues, al final del contrato se especificaba que esta decisión debían tomarla en 24 horas.
Es de sobra conocido, no se le da bien pensar a los idiotas, mucho menos hacerlo rápido, y, bien unos por profunda idiotez, bien otros por tener un carácter más propio del tipo ovino, fueron firmando, uno a uno, todos. Todos los que allí se encontraban, claro.
Al poco rato, no había ya nadie alrededor del misterioso edificio, todos los que se habían acercado, fueron firmando uno a uno. Ya estaban dentro, lo habían hecho, habían renunciado a sus demás sentidos por recuperar la luz, por recuperar la vista. Habían hipotecado toda su vida por una ilusión, la de poder ver lo que ellos poseían, poder apreciar la belleza de los objetos, poder apreciar la belleza de las otras personas. Pronto salieron, corriendo, de aquel lugar, dirigiéndose cada cual al lugar donde anidaban, donde echaban raíces, para ver en primer lugar, sus posesiones.
Luego, se dieron cuenta de las formas de cada uno de los objetos que poblaban los límites de su posesión, y, más tarde, se fijaban en la belleza de sus mujeres, de sus hombres, de sus novias, amantes, putas de martes por la noche o amantes fugaces.
Les invadía la sensación que sólo se puede tener cuando se aprecia algo nuevo, algo olvidado, o algo desconocido hasta ese momento, como cuando descubres que guardas en un cajón, lleno de polvo, el juguete favorito de tu niñez. Todos, absolutamente todos los que habían “pasado por el aro”, los que habían firmado el contrato, sentían una inmensa sensación de felicidad.
Todos salieron a la calle y fue entonces cuando se dieron cuenta. ¡Había gente que no tenía linternas! Algunos de estos poseedores de la luz que creían divina comenzaron a reírse, otros, al verlos, ayudados por su linterna, comenzaron también a reír, se burlaban de ellos, los llamaban locos o directamente los marginaban. Eran los “oscuros”. Eran pocos. Y no se mostraban demasiado, quizá por miedo a las burlas, o más probablemente, por el poco interés que despertaban los “iluminados”: no sentían nada al tocar, lo que hizo que el tacto entre ellos fuera fútil, no olían ni el olor de la mejor de sus comidas, tampoco podían saborearla; no podían hablar, pues entre ellos, no se escuchaban, no tenían ya la capacidad de oír. Podría decirse que pronto, a los poseedores de la luz, les empezó a saber amarga su decisión pasada, pero si siquiera saboreaban, apenas podían sentir, sólo lo que la vista les permitiera, y no podían compartir nada, ni hablando, ni tocándose, ni oliéndose, ni siquiera pegándose o arañándose.
Esto hizo que pronto, muchos de estos iluminados, los que se reían de aquellos que habían decidido no claudicar, no agachar la cabeza, comenzaran a caer en depresión. Otros no comían, hartos del sinsabor de sus comidas, que parecían tremendamente apetecibles cuando enfocaban con sus linternas, de pura luz blanca, que hacía que hasta el último demonio de bar pareciera recién caído del cielo. Esto provocó una inmensa ola de muertes, unas por suicidio, otras por inanición… el olor a podredumbre inundaba las calles iluminadas adecuadamente, pero esto no representaba un problema para los iluminados. Vivían en medio de una morgue, de una fosa común, y ni siquiera lo sabían.
Lejos de allí, muy lejos, tanto que apenas se apreciaba la luz de esas citadas calles como un arañazo en el cielo en forma fugaz, se encontraban aquellos que no habían querido acercarse al iluminado edificio, estaban sentados, conversando, en grupo, compartían bromas, compartían también el sabor de las comidas que preparaban, entre todos, el olor que evocaba los mejores recuerdos en cada uno de ellos, e incluso compartían violencia, esa que sólo demuestra cariño.
De pronto un joven, que allí estaba viviendo, en la comunidad de los “oscuros”, rompió el silencio del bullicio con una pregunta:
“¿Y por qué nosotros no podemos tener una linterna también? Yo quiero poder ver a mis padres, quiero poder ver la comida que saboreo, lo que huelo cuando mis padres me preparan el postre…”
Todos quedaron en silencio, todos. De repente, se escucharon unos pasos, un andar lento pero constante, de pasos con distancia muy próxima entre los pies, como uno de esos muñecos a los que se les da cuerda y andan, pasito a pasito. Era el sonido de unos pasos que sólo la senectud es capaz de otorgar. Pronto los allí presentes dedujeron que se trataba de un anciano, el más viejo de los que allí vivían. Lo que no sabían era que la sabiduría de este hombre se correspondía de forma más que justa con su edad. El hombre se acercó al chico y se le oyó preguntar:
- Chico, ¿sabes qué es un oasis?
- Sí, lo sé, hay uno cerca de aquí, ¡pero nunca lo he visto!, por eso quiero una linterna, no para mí, ¡para todos nosotros!
- Tus palabras te honran, chico, te gustaría que todos pudiéramos ver lo bonito que es ese oasis, ¿verdad?
- ¡Claro!
- Pero, ¿te das cuenta de que para ello, tendríamos que renunciar al resto de nuestros sentidos, renunciar a todas las sensaciones que no fueran únicamente las que nos ofreciera la vista?
- Sí, pero es la vista la única que nos puede ofrecer la belleza de un objeto, de una persona.
El anciano se sonrió, nadie lo veía, pero se sonrió. No era una sonrisa de burla, ni tampoco aquella que se nos dibuja cuando tocan y cortan ese hilo con el que sostenemos algunos de nuestros razonamientos, qué va, no era tampoco una sonrisa de acuerdo con sus palabras, sino de comprensión, la comprensión que sólo la edad otorga. Fue entonces cuando, después de una pequeña pausa, se dispuso a decirle unas palabras al chico:
Es cierto que con la vista podrás apreciar el oasis, pero es con las manos con las que deberás recoger el agua cual cucharón, es gracias a la lengua que podrás saborear el sabroso sinsabor del agua esperada, es con la nariz con la que apreciarás el olor de la vegetación que cubre las orillas del agua y es con el oído con el que podrás escuchar su ruidoso correr.
- ¿Y esto que significa?
- Significa que todos, absolutamente todos, tenemos nuestras limitaciones, nuestros peros, nuestros huecos en blanco, o en negro, pero no por ello significa que debamos rendirnos ante lo que nos es negado, no significa que debamos claudicar ante estas limitaciones o, aún peor, renunciar a nosotros mismos en busca de un paraíso que pronto se convertirá en el peor de los infiernos, puesto que, si lo hacemos, podremos tener todos los oasis del mundo, los más bellos, rebosantes de agua. Pero, si no tenemos lo más básico, lo que nos define, si nos dejamos llevar únicamente por lo que los demás opinen o hagan, acabaremos irremediablemente en el camino de la infelicidad.
Además, la exclusividad de un sólo sentido, la obligación de abandonar todo lo demás que no entre en sus fronteras es algo que ninguna persona que desee vivir realmente debe hacer, ya existen suficientes límites, ¡no te autoimpongas más!
La belleza no se aprecia, al menos completamente, con la vista. La belleza está en el sabor de un bocado a destiempo, en escuchar una canción que hace que el bello se ponga erguido cual inútil soldado, en el olor que nos recuerda momentos pasados, sean buenos o malos, en el tacto de tus dedos recorriendo una piel extraña, o en el viaje de unos dedos extraños por las sendas que tu piel ofrece. Esa es la belleza. Es esa la luz. Yo la quiero llamar, “la luz oscura”.
Para aquellas pulseras, coches viejos amarillos, para los cuadros que se cuelgan en la pared, para el vino, para el picante, para la sal, para Argentina, para Tailandia, me habeis inspirado, hijos de la gran puta.
domingo, 4 de diciembre de 2011
A veces sueño
A veces sueño que me despierto y pienso, en las calles llenas de furia que levantan sus fríos adoquines para acabar con tanta monotonía y hastío, en la soledad, que empieza a ser buena compañera en cuanto la conoces profundamente, en gotas de agua en formas de rayos de sol, que provocan ataques de racionalidad, volviendo cerebros del revés y pintándolos a colores.
A veces sueño que me despierto y pienso en infelicidades torturadas hasta el éxtasis, en palabras grises que provocan sonrisas. Pienso en líneas rectas derritiéndose al calor de una canción ya escuchada, en la letanía de cuervos rodeando a vivos durante años.
A veces sueño que me despierto y pienso en el tiempo inexistente por vivir, en el frío trazo que lo dibuja y en sus sinuosas curvas. En paradas a destiempo y en conversaciones por haber. Sueño que me despierto, y que extraños monstruos ya no asoman por mi mente, haciendo que la calidez se haga un hueco en mi pasillo.
Sueño que me despierto y pienso en balcones presidenciales que se incendian para dar calor a los sintecho, que una tormenta de inteligencia destruye un mundo con la facilidad con la que se prende un fósforo.
Sueño que me despierto y pienso en corbatas de seda actuando como horcas, en zapatos brillantes con la asombrosa capacidad de levitar y en papeles de colores fundiéndose en uno solo, puro y culpable a la vez, tomando un color rojo sangre, para que vuelva así una pasión arrebatada que comienza a atisbarse, como un atardecer de verano.
Sueño que me despierto y pienso en relojes avanzando hacia el camino inusual, parándose a repostar sin importarle regla física o moral. En cristales reflejando escenas ya olvidadas, y en fríos recuerdos reuniéndose bajo tierra con sus ancestros. En la lejanía del ayer y el mañana.
Sueño que me despierto y pienso, en la inmensa racionalidad dejando huecos, cual inteligente carcelero con los barrotes que maneja, dejando así inmiscuirse a un enemigo tan fiel que, a veces, incluso asusta. ¿Pero qué es el recluso sino un esclavo de su propia libertad?¿Qué sentido tiene vivir en una celda cuyos barrotes invisibles no nos dejan ver más allá?
Sueño que me despierto y pienso en campanas doblando por una sociedad muerta, enterrándose en su propia ceguera. Pienso en el gérmen del mañana, creyéndolo equivocadamente aleatorio. En cuadernos de notas vacíos que llenan cerebros, y en imágenes aun por ver.
A veces sueño que me despierto y pienso, en goteras de sensatez colmando el sótano, en una carrera sin fin. En una legión de atletas bien formados achicando agua con éxito parcial. Pienso en cigarros que son silenciosos, tanto como una tormenta de verano o un tornado eléctrico. En frases repetidas que pierden su sentido y en personas que encuentran su camino. En la idea del olvido como aliado y ejecutor racional.
A veces sueño que me despierto y pienso en el aburrimiento como diversión, en la recta como una opción. Sueño que me despierto en un alejado lugar, con otro esquema mental, con otro nombre y otra vida real. Pero ese no soy yo. Yo sigo soñando.
y quiero que vengas conmigo, a cualquier otra parte
A veces sueño que me despierto y pienso en infelicidades torturadas hasta el éxtasis, en palabras grises que provocan sonrisas. Pienso en líneas rectas derritiéndose al calor de una canción ya escuchada, en la letanía de cuervos rodeando a vivos durante años.
A veces sueño que me despierto y pienso en el tiempo inexistente por vivir, en el frío trazo que lo dibuja y en sus sinuosas curvas. En paradas a destiempo y en conversaciones por haber. Sueño que me despierto, y que extraños monstruos ya no asoman por mi mente, haciendo que la calidez se haga un hueco en mi pasillo.
Sueño que me despierto y pienso en balcones presidenciales que se incendian para dar calor a los sintecho, que una tormenta de inteligencia destruye un mundo con la facilidad con la que se prende un fósforo.
Sueño que me despierto y pienso en corbatas de seda actuando como horcas, en zapatos brillantes con la asombrosa capacidad de levitar y en papeles de colores fundiéndose en uno solo, puro y culpable a la vez, tomando un color rojo sangre, para que vuelva así una pasión arrebatada que comienza a atisbarse, como un atardecer de verano.
Sueño que me despierto y pienso en relojes avanzando hacia el camino inusual, parándose a repostar sin importarle regla física o moral. En cristales reflejando escenas ya olvidadas, y en fríos recuerdos reuniéndose bajo tierra con sus ancestros. En la lejanía del ayer y el mañana.
Sueño que me despierto y pienso, en la inmensa racionalidad dejando huecos, cual inteligente carcelero con los barrotes que maneja, dejando así inmiscuirse a un enemigo tan fiel que, a veces, incluso asusta. ¿Pero qué es el recluso sino un esclavo de su propia libertad?¿Qué sentido tiene vivir en una celda cuyos barrotes invisibles no nos dejan ver más allá?
Sueño que me despierto y pienso en campanas doblando por una sociedad muerta, enterrándose en su propia ceguera. Pienso en el gérmen del mañana, creyéndolo equivocadamente aleatorio. En cuadernos de notas vacíos que llenan cerebros, y en imágenes aun por ver.
A veces sueño que me despierto y pienso, en goteras de sensatez colmando el sótano, en una carrera sin fin. En una legión de atletas bien formados achicando agua con éxito parcial. Pienso en cigarros que son silenciosos, tanto como una tormenta de verano o un tornado eléctrico. En frases repetidas que pierden su sentido y en personas que encuentran su camino. En la idea del olvido como aliado y ejecutor racional.
A veces sueño que me despierto y pienso en el aburrimiento como diversión, en la recta como una opción. Sueño que me despierto en un alejado lugar, con otro esquema mental, con otro nombre y otra vida real. Pero ese no soy yo. Yo sigo soñando.
y quiero que vengas conmigo, a cualquier otra parte
martes, 29 de noviembre de 2011
Yo tengo
Yo tengo, tengo cosas, que en realidad no lo son. Al menos no la mayoría. La mayoría de ellas intangibles, no por ello de menor valor, más bien al revés, es algo que sólo se aprende con el tiempo. Tengo tiempo pasado, tengo un ahora y la visión del ahora de después. Tengo una visión torcida que, a veces, choca con otra, como trenes que se encuentran en la oscuridad del día o la noche. Tengo días, a veces grises y sombríos, pero al fin y al cabo, hasta el gris es un color, hasta la ceniza fue fuego alguna vez. Tengo fuego en mi mente y a veces también en mis manos. Tengo manos que han construído poco, y una mente que construyo a diario, sin capataz, como una planta que respira. Porque sí. Tengo síes, tengo noes, tengo quizás que esconden, o que incluso muestran. Tengo respiraciones de muestra en mi despensa, que guardo a buen recaudo, que recuerdo no olvidarlas jamás. Tengo olvidos voluntarios y voluntad maleable, a elección del momento, del oxígeno que comparta. Tengo oxígeno en mis venas, también humo y palabras. También, a veces, nada. Tengo un vacío de nada en mi cerebro, con olvidos ausentes. Vacío de recuerdos olvidados. Tengo recuerdos de cosas por pasar. Tengo pasos por andar, sin planear. Tengo planos del aire y planes para el ayer. Tengo ayeres que vivo como presentes, tengo contrariedades, tengo razón, y no la tengo. Tengo razones refutadas, tengo respiraciones encontradas e insultos de tres letras en femenino. Tengo insultos que no lo son, sólo aptos para aquellos que olvidan los nudos. Tengo nudos en mis bolsillos, enterrados bajo arena de playa y sal. Tengo sal para heridas, propias y ajenas. Tengo heridas sin cerrar. Cierres que jamás se abrirán. Tengo aberturas que dejan entrar menos de lo que parece. Tengo entradas para conciertos a los que sólo asisto yo. Tengo citas concertadas para un pasado por haber. Tengo pasados sombríos, también soleados. Tengo sol para alegrar o aburrir, lluvia para pensar, o para perder. Tengo pérdidas irreparables. Tengo pensamientos que reparan los cimientos del aire que respiro y reparaciones del alma a base de líquidos, de humo y palabras... pocas explicaciones hay que dar para tan sólo cuatro putas letras. Tengo letras en mi mente que se aman, que se unen y separan según quieren. Tengo uniones que se expresan y que no. Muchas que no. Tengo mucho, y mucho que agradecer. Tengo gracias para los tristes, tengo tristeza para mi, los alegres no las necesitan. Tengo necesidad de sobresaltos y curvas. Tengo trazos curvos en papel, tengo pensamientos que los guían y los tuercen. Tengo guías para los que se pierden, todas falsas. Tengo falsedades para los seguros de nada, tengo argumentos para los seguros de todo. Tengo un seguro de vida que pago a diario, cada vez que me despierto y sueño. Tengo sueños, tengo interpretaciones y tengo noches sin dormir. Tengo noches en las que duermo sin siquiera cerrar los ojos. Tengo ojos que ven las imágenes que no se muestran. Tengo imágenes que no quiero tener. Tengo querer para todos, todos los que sólo yo se. Tengo saber olvidado, que intento recordar a base de papel. Tengo papeles que desempeño, que no quiero que cambien. Tengo cambios pequeños y medianos, pero que nunca espero, cosa que no significa que no sean bien recibidos. Tengo el bien sin delimitar que, a veces, se solapa con el mal. Tengo límites que no sé dónde están, o mi manía por romperlos me hace olvidarlos. Tengo manías, tengo obsesiones, tengo costumbres. Tengo costumbre de escuchar notas enlazadas, voces rotas. Tengo notas, casi ninguna alta, los graves suenan mejor. Tengo graves problemas de autocontrol, que no son problemas. Tengo problemas resueltos, sin otra solución que el tiempo. Tengo tiempo para escribir. Tengo escritos que ni merecen ser leídos. Tengo merecido lo que me pasa porque yo y sólo yo lo condiciono. Tengo condiciones que no estoy dispuesto a cambiar. Tengo estados de todos los colores. Tengo colores para mi mente y para quien los quiera, no me gusta poseer. Tengo posesiones que sirven para bien poco, si acaso para darme cuenta de su escaso valor, para eso sí. Tengo valor para arañar. Tengo gatos que arañan en las cortinas de mi mente. Tengo cortinas que cubren besos pasados. Tengo ausencia de besos que no deseo dar. Tengo deseos sin pedir que no puedo contener. Tengo incontinencia verbal para los oídos de mi mente. Tengo oídos sólo para aquellos a quien les gusta escuchar. Tengo gusto por lo extraño e informal. Tengo extraños que pasan por mi cabeza a menudo. Tengo un ejército de neuronas a la cabeza de este escrito. Tengo la sensación de que he escrito demasiado.
Me abriré las venas, me saldrán palabras, guárdate el cencerro, pónselo a otra cabra
Me abriré las venas, me saldrán palabras, guárdate el cencerro, pónselo a otra cabra
lunes, 28 de noviembre de 2011
¿Originalidad?
«Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que te hablen directamente a ti, a tu yo. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de dónde sacas las cosas, es en dónde las pones.”»
Jim Jarmusch
miércoles, 23 de noviembre de 2011
¿Puede Ícaro dormir?
A veces no me queda otra que preguntarme si represento una isla en este mar de azufre. Y, aunque la respuesta sea afirmativa, no puedo dejar de pensar en los jodidos salpicones que pueda sufrir por ello, sean o no voluntarios. ¿Es así como continúa la historia? ¿No hay ningún giro inesperado? Si es así, vaya mierda de guión, ¿no?
Si quiero seguir firme debo pensar que no lo es, que al menos hay más islas, aunque nuestra vista no alcance a verlas, y que se pueden tender puentes entre ellas para así fabricar diques que destruyan el mar, que lo fraccionen hasta convertirlo en vergonzosa excepción.
Y es que, una vez cruzas la línea, no importa cuánto avances, la cuestión -como diría Hamlet- es que la cruces o no. Que te zambullas en ese turbulento mar... ¿qué importará que sólo te mojes los pies o que te capuces? Ya lo has tocado, has cruzado la línea.
¿Que quién soy yo para poner o quitar líneas? Nadie. Por eso me remito a hechos, no aplico mi propia escala porque sería, además de injusto, prepotente. Si hay que delimitar, que sean los hechos y no las abstracciones (delimitar o morir, pero con mis propias reglas).
Es ahora cuando me pregunto si esas personas (aunque estén totalmente carentes de valores, o aunque los tengan convenientemente adaptadas al hábitat que ocupan) tienen conciencia. Si saben realmente el daño que pueden ocasionar a seres de su misma especie con su acción o inacción. Y es que no soy capaz de concebir cómo el peso en tu mano puede vencer al de tu cerebro, al de tus principios. Sólo puedo respetar que se ignore al cerebro cuando el peso del vacío estomacal, el del instinto, aparece. Ese es el gran logro de este sistema, mantenernos en el borde de la navaja del instinto, haciendo que nunca podamos racionalizar más de lo debido para que nunca se escapen las riendas de sus manos, manteniendo una precariedad prefabricada para los Dédalos que componen este mundo. ¿Y es así como se quiere llegar alto? ¿Es así como tocaréis el sol? No contéis conmigo para ello, idotas. La cuestión es que no hablamos de personas de poco peso, en ninguno de los sentidos posibles.
Hablamos de Ícaro, de un tipo de ser que traicionaría a su propio padre, su mentor o a quien deposita de una u otra forma su confianza en él, por estar un poco más cerca de su paraíso, de su ahogamiento en la abundancia. Hablamos de seres que no tienen la más mínima idea de llegar al paraíso (como cualquiera) y hacen lo poco que saben, daño. Hablo de Dédalos, de miles de millones de Dédalos que fabricamos alas para otorgárselas a quien se supone no nos decepcionará ni traicionará. Ya es hora de que Ícaro se busque sus alas, o que, al menos, no traicione de una forma u otra a su Dédalo. Respecto a la pregunta que da título, sólo puedo decir: Espero que no, y si lo hace, que sea eternamente, ya sea con los peces o enterrado bajo tierra debido a su caída en barrena hacia el suelo.
Si quiero seguir firme debo pensar que no lo es, que al menos hay más islas, aunque nuestra vista no alcance a verlas, y que se pueden tender puentes entre ellas para así fabricar diques que destruyan el mar, que lo fraccionen hasta convertirlo en vergonzosa excepción.
Y es que, una vez cruzas la línea, no importa cuánto avances, la cuestión -como diría Hamlet- es que la cruces o no. Que te zambullas en ese turbulento mar... ¿qué importará que sólo te mojes los pies o que te capuces? Ya lo has tocado, has cruzado la línea.
¿Que quién soy yo para poner o quitar líneas? Nadie. Por eso me remito a hechos, no aplico mi propia escala porque sería, además de injusto, prepotente. Si hay que delimitar, que sean los hechos y no las abstracciones (delimitar o morir, pero con mis propias reglas).
Es ahora cuando me pregunto si esas personas (aunque estén totalmente carentes de valores, o aunque los tengan convenientemente adaptadas al hábitat que ocupan) tienen conciencia. Si saben realmente el daño que pueden ocasionar a seres de su misma especie con su acción o inacción. Y es que no soy capaz de concebir cómo el peso en tu mano puede vencer al de tu cerebro, al de tus principios. Sólo puedo respetar que se ignore al cerebro cuando el peso del vacío estomacal, el del instinto, aparece. Ese es el gran logro de este sistema, mantenernos en el borde de la navaja del instinto, haciendo que nunca podamos racionalizar más de lo debido para que nunca se escapen las riendas de sus manos, manteniendo una precariedad prefabricada para los Dédalos que componen este mundo. ¿Y es así como se quiere llegar alto? ¿Es así como tocaréis el sol? No contéis conmigo para ello, idotas. La cuestión es que no hablamos de personas de poco peso, en ninguno de los sentidos posibles.
Hablamos de Ícaro, de un tipo de ser que traicionaría a su propio padre, su mentor o a quien deposita de una u otra forma su confianza en él, por estar un poco más cerca de su paraíso, de su ahogamiento en la abundancia. Hablamos de seres que no tienen la más mínima idea de llegar al paraíso (como cualquiera) y hacen lo poco que saben, daño. Hablo de Dédalos, de miles de millones de Dédalos que fabricamos alas para otorgárselas a quien se supone no nos decepcionará ni traicionará. Ya es hora de que Ícaro se busque sus alas, o que, al menos, no traicione de una forma u otra a su Dédalo. Respecto a la pregunta que da título, sólo puedo decir: Espero que no, y si lo hace, que sea eternamente, ya sea con los peces o enterrado bajo tierra debido a su caída en barrena hacia el suelo.
Fabricais jóvenes locos,competitividad es el demonio de la educación que dais
lunes, 21 de noviembre de 2011
Noches húmedas
Noche de lluvia, muy apta para reflexionar, no podía pedirse más, tabaco, truenos, lluvia y… política, la mezcla explosiva para que mi cerebro arranque. El insomnio o el ambiente en sí hacen el resto. A cavilar toca. Empecemos por algunas curiosidades que me llaman la atención de este día, y luego pasaremos a las mierdas en el pecho mentales pertinentes.
- Curiosidad #1:
Empezando por arriba, el PP gana las elecciones con mayoría absoluta con menor cantidad de votos de la que el PSOE obtuvo en 2008. Tengamos en cuenta que el PSOE consiguió así la silla de 169 escaños en 2008, es decir, no solo no llegó a la mayoría absoluta (176 escaños), sino que le faltaron 7 escaños para alcanzarla. Esto nos lleva a una diferencia de 17 escaños, entre la cantidad que el PSOE consiguió en 2008(169) y la cantidad que el PP ha conseguido en 2011(186). Y todo esto teniendo el PSOE más votos en 2008(11.289.335) que el PP en 2011(10.830.693).
Esto se debe en gran parte a la bajada de participación del 73.85% hasta el 71.69%, que traducido nos lleva a 1.309.885 personas menos votando, con la consiguiente subida de valor del voto.
- Curiosidad #2:
Las paradojas del sistema putrefacto mayoritario. He aquí una curiosa tabla sobre cantidad de votos, escaños reales obtenidos y su correspondiente proporcional en el hipotético caso de circunscripción única (nacional). En el más que hipotético caso (por desgracia) de que se aplicara un sistema proporcional, deberíamos fijarnos en la cantidad de votantes censados, que asciende a casi 35 millones (34.952.313). Es decir, 350 escaños repartidos entre los votos de 35 millones de personas, lo que equivale a un precio de 100.000 (99.863 en esta ocasión) votos por escaño. Pero, no todas las personas votan a un partido, ¿qué hacemos con las que votan en blanco o nulo? Fácil: restar. Al fin y al cabo, un voto en blanco es una expresión de acuerdo con el sistema actual pero sin elección partidista, y el voto nulo es una expresión de desacuerdo con el sistema, algo que deberá canalizarse de distintas formas por el gobierno que tome el mando.
Por otro lado tenemos la abstención, es decir, personas que directamente ni dan señas de que esto les interese, peor para ellos. Otra cuestión que debe tratar el gobierno que tome las riendas, pero no voy a hablar sobre esto.
Sumando abstención (9.710.775), votos en blanco (333.095) y votos nulos (317.886) obtenemos un total de 10.361.756 que restar al censo, por lo que nos quedarían 24.590.557, que a su vez, al dividir entre 350 escaños, nos resultaría en 70.259 votos (aproximadamente) como precio de cada escaño. Esta es la tabla que expresa cómo quedarían repartidas las sillas del congreso de los diputados (click para ampliar):
La suma de escaños repartidos no da 350, cosas de las matemáticas y los repartos, pero nos arroja unos datos bastante reveladores (aproximados, obviamente). Esto sería arreglado fácilmente con muchas de las fórmulas matemáticas que existen, pero no es eso lo que pretendo mostrar realmente.
En primer lugar, salta a la vista algo que, en esta noche, parece casi como haber visto a Emilio Botín repartiendo dinero entre los pobres, es decir, un milagro. Pero no, como vemos, el PP habría obtenido unos 154 escaños, algo muy alejado de la holgada mayoría absoluta que ha conseguido con 186 escaños. El PSOE también habría sido afectado con 99 escaños en lugar de sus actuales 110.
Como comprobamos con una sencilla suma, la pérdida de escaños debido a esta proporcionalidad de los dos partidos gigantes sería de 43, lo que conformaría la 3º fuerza política en este escenario imaginario.
Sin embargo, vemos como los partidos “pequeños” como son IU y UPyD suben como la espuma, con 24 diputados para IU (13 más que actualmente, es decir, más del doble de los que ha conseguido) y 16 para UPyD (11 más que actualmente, es decir, multiplicaría por 5 su actual resultado). Los partidos nacionalistas tampoco salen realmente afectados, CiU desciende en 2 diputados y Amaiur lo mismo. PNV por su parte recibiría el mismo número de escaños.
La cuestión es que, sin la existencia de partidos enormes como lo son PP y PSOE, estos partidos pierden su razón de ser casi por completo, pues viven de ser “partidos llave” en caso de no haber mayoría absoluta, para ofertar su apoyo al mejor postor a cambio de tratos de favor a sus comunidades/países imaginarios.
Esto es lo que tenemos en el lado de admitidos, pero, ¿qué pasa con otros partidos que han recibido incluso más de 200.000 votos y se han quedado sin su cómoda silla pagada por todos nosotros? (recordemos que un partido como GBAI estará en el congreso con un diputado con 42.411 votos).
Pues tendríamos a Equo con 3 diputados, y a tres partidos más con presencia en el congreso con un diputado: PACMA, PA y EB.
Entonces, ¿valen menos los votantes de IU, UPyD, Equo, Pacma, PA y EB?
- La democracia tiene un precio, y os toca pagar a vosotros, pringados (cargo/votante de PP-PSOE dixit).
- Curiosidad #3:
La gráfica que muy pocos verán, bien porque los mass media no la mostrarán, como pasó en las pasadas elecciones municipales celebradas este mismo año, o porque directamente ni se molestarán en buscarla… total, “la fiesta de la democracia ya ha pasado, ahora toca 4 años de pasar de todo, y cuando toque votar, ya veré las noticias el día antes y decido” (transcripción aproximada del pensamiento del idiota votante medio de este estercolero país).
Como he apuntado antes, la suma de abstención, votos en blanco y nulos serían de un total de 10.361.756, es decir, menos de 500.000 votos de diferencia con el partido que ha conseguido la mayoría absoluta, exactamente 468.937. Ligeramente superior al número de votos que ha conseguido Amaiur (7 escaños), por poner un ejemplo. Ahora la pregunta es: ¿con qué legitimidad puede gobernar un partido que apenas supera la suma de votos antes mencionada? ¿Nos estamos dando realmente cuenta de que casi un tercio de la población está o bien decepcionada, desilusionada o directamente en contra de este actual sistema? ¿Le damos la importancia que merece? ¿Nos damos cuenta que esta suma de abstención, blancos y nulos sería la 2º fuerza política en este país? ¿No da bastante que pensar? A mí, al menos, sí.
Vuestra democracia es un fraude.
martes, 15 de noviembre de 2011
¿Monstruos?
Siempre he tenido la necesidad de ver qué hay más allá, qué hay al girar la esquina. El mundo trata de decirte “Esto es lo que hay y no te aventures más lejos, porque ahí fuera hay monstruos”.
Pero yo quiero ver esos monstruos.
Terry Gilliam
domingo, 13 de noviembre de 2011
Muerte tópica
Odio los tópicos. Odio a las personas tópicas, por lo tanto, amo la rotura y la explosión de los esquemas, y, por ende, las utopías.
Las personas que realmente lo sienten nunca te lo dirán, pues compartirán esos momentos de dolor, compartirán tu respiración, compartirán tu mirada perdida que ocasionalmente se cruzará con la suya, para darte cuenta así de que tienes dónde apoyarte. En el fondo, ese sentimiento de dolor compartido no es más que el sentimiento más profundo de unión. Aquellas que pronuncian las palabras no son más que pobres almas que esperan así redimirse de sus pecados y encontrarse mejor consigo mismos tras ello, pobres de ellas.
Pobres de aquellas personas que necesitan hablar para expresar o compartir, pobres de aquellos que nunca encuentran una mirada cómplice, ya sea por incapacidad de percibirla debido al escudo impenetrable de su ego o por la simple ausencia de esta, no sé qué es más triste.
Son esas las personas que necesitan destacar para sentirse propiamente personas, para creer, infeliz e ingenuamente, que forman parte de algo, de un todo tan etéreo que su simple cerebro de corto recorrido siquiera llega a comprender.
Son esas las personas tópicas, las que actúan conforme a patrones sociales establecidos por sus tópicos predecesores, y que ni siquiera tienen tiempo para preguntarse el por qué de ciertas cosas, ya que no es este su camino habitual, por desgracia, o por suerte. Quién sabe.
Es por eso que tengo tanta suerte, ya que tengo varias personas con las que compartir respiraciones y nada más, cuando me haga falta y cuando no. Soy realmente afortunado.
Happiness, something in my own place, i'm standing naked smiling, i feel no disgrace with who i am.
Las personas que realmente lo sienten nunca te lo dirán, pues compartirán esos momentos de dolor, compartirán tu respiración, compartirán tu mirada perdida que ocasionalmente se cruzará con la suya, para darte cuenta así de que tienes dónde apoyarte. En el fondo, ese sentimiento de dolor compartido no es más que el sentimiento más profundo de unión. Aquellas que pronuncian las palabras no son más que pobres almas que esperan así redimirse de sus pecados y encontrarse mejor consigo mismos tras ello, pobres de ellas.
Pobres de aquellas personas que necesitan hablar para expresar o compartir, pobres de aquellos que nunca encuentran una mirada cómplice, ya sea por incapacidad de percibirla debido al escudo impenetrable de su ego o por la simple ausencia de esta, no sé qué es más triste.
Son esas las personas que necesitan destacar para sentirse propiamente personas, para creer, infeliz e ingenuamente, que forman parte de algo, de un todo tan etéreo que su simple cerebro de corto recorrido siquiera llega a comprender.
Son esas las personas tópicas, las que actúan conforme a patrones sociales establecidos por sus tópicos predecesores, y que ni siquiera tienen tiempo para preguntarse el por qué de ciertas cosas, ya que no es este su camino habitual, por desgracia, o por suerte. Quién sabe.
Es por eso que tengo tanta suerte, ya que tengo varias personas con las que compartir respiraciones y nada más, cuando me haga falta y cuando no. Soy realmente afortunado.
Happiness, something in my own place, i'm standing naked smiling, i feel no disgrace with who i am.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Conversaciones pendientes
Joder, me revienta tanto mirar hacia atrás y ver que he perdido mi tiempo, mis ratos, mi saliva... en gente y situaciones que ni merecían mi tiempo ni mi atención, que llego incluso a cabrearme y pensar que he sido realmente idiota. Probablemente.
Suerte que, de vez en cuando, te recuerdan que no todo van a ser equivocaciones, que no todos los ratos van a ser malos y que, por suerte, por este camino sin andar todavía podemos encontrarnos con mentes que son capaces de colorear una noche, aunque sea melancólica o gris, con ayuda del ambiguo ámbar que tan bien lubrica conversaciones, llegando a hacerlas hervir también en su justo punto, o con un verde lleno de esperanza y sensación de embudo en tu mente.
Realmente son esos ratos los que merecen la pena, son esos los que recuerdas cuando miras hacia atrás, los que subrayas en color en tu agenda imaginaria del pasado. Y es entonces cuando pienso de nuevo... (es curioso que siempre haya algo digno de recordar o de continuar) en esa conversación: ¿que si me gustaría ser idiota?¿que si me gustaría ser feliz? Creo que soy feliz siendo infeliz, es el peso con el que debemos cargar, no es algo que muchos entiendan pero, por suerte o por desgracia, ambos entramos en el grupo de felicidad a través de la infelicidad. Nos tocó ahí. Y a mi me gusta, joder que si me gusta. Vale que es más cómodo, más simple... quizás por eso tengo esa extraña admiración hacia el salmón, me gusta el camino difícil, y no por nada, sino porque normalmente, suele ser el que más se disfruta, o al menos yo. Lo mismo estoy loco, pero repito: me encanta.
To be a rock, and not to roll.
Suerte que, de vez en cuando, te recuerdan que no todo van a ser equivocaciones, que no todos los ratos van a ser malos y que, por suerte, por este camino sin andar todavía podemos encontrarnos con mentes que son capaces de colorear una noche, aunque sea melancólica o gris, con ayuda del ambiguo ámbar que tan bien lubrica conversaciones, llegando a hacerlas hervir también en su justo punto, o con un verde lleno de esperanza y sensación de embudo en tu mente.
Realmente son esos ratos los que merecen la pena, son esos los que recuerdas cuando miras hacia atrás, los que subrayas en color en tu agenda imaginaria del pasado. Y es entonces cuando pienso de nuevo... (es curioso que siempre haya algo digno de recordar o de continuar) en esa conversación: ¿que si me gustaría ser idiota?¿que si me gustaría ser feliz? Creo que soy feliz siendo infeliz, es el peso con el que debemos cargar, no es algo que muchos entiendan pero, por suerte o por desgracia, ambos entramos en el grupo de felicidad a través de la infelicidad. Nos tocó ahí. Y a mi me gusta, joder que si me gusta. Vale que es más cómodo, más simple... quizás por eso tengo esa extraña admiración hacia el salmón, me gusta el camino difícil, y no por nada, sino porque normalmente, suele ser el que más se disfruta, o al menos yo. Lo mismo estoy loco, pero repito: me encanta.
To be a rock, and not to roll.
martes, 8 de noviembre de 2011
Radicalidad descendente
Antes de cualquier sesión de divagación absurda, conviene aclarar exactamente sobre qué absurdos vamos a emplear nuestros minutos.
¿Qué entiendo por radical -políticamente hablando-?
Según la RAE: 1.Partidario de reformas extremas.
2. Extremoso, tajante, intransigente.
¿Es el adjetivo radical positivo, negativo o neutro?
Lo que es evidente es que contiene cantidad de matices y connotaciones, y la mayoría de ellas son negativas.
¿Pero, por qué, como al parecer sucede, el "espíritu radical" (o combativo) se difumina con el tiempo (edad)? ¿Es inherente a la edad adolescente? ¿Qué es lo que sucede para que esta forma de pensar-actuar vaya diluyéndose?
La comodidad superficial o material que ofrece el sistema capitalista a quienes deciden integrarse o sucumbir a él, o a quienes ni siquiera saben que viven bajo el control constante de los agentes económicos (controlados al fin y al cabo por personas) provoca el olvido de los valores de lucha y compromiso que acechan en la juventud. Al fin y al cabo, aunque el humano sea un ser gregario, en sus adentros esconde una individualidad pura, no son parte de un grupo a nivel mental, pero, quieran o no, lo forman. Llegados a este punto es necesario aclarar que esto es algo íntimamente ligado a la conciencia de clase, al fin y al cabo, la "clase social" es un grupo al que irremediablemente se pertenece en un sistema capitalista.
De esta manera, la atomización que provoca, paradójicamente, este sistema, conlleva la disminución de esta conciencia de grupo, y esta atomización se incrementa cuando el hombre se introduce al mercado laboral. Llegamos a otro punto clave. La precariedad hábilmente instalada en todos los ámbitos nos lleva a sentirnos privilegiados cuando tenemos un techo, un plato de comida, un abrigo o un trabajo, cuando, en realidad, este debería ser el punto de partida básico para todo ser humano.
Por tanto, teniendo un "ejército de reserva" de parados, podemos precarizar aun más el mercado de trabajo, haciendo que los trabajadores se sientan verdaderos privilegiados cobrando 700€ al mes, y, así, conseguir también que ni se les pase por la cabeza manifestarse o informarse. Es así como se acomoda al trabajador medio para idiotizarlo y meterlo al rebaño.
Pero retrocedamos algo en la historia: durante los años formativos las personas forman parte de grupos, fácilmente identificables, pero las clases dentro de un aula no son tan patentes ni tan provocadoras de puntos de ruptura como lo pueden ser en el mercado laboral. He aquí uno de los problemas subyacentes de la proliferación de la educación privada.
Las abismales diferencias provocan abismales conflictos.
¿Qué entiendo por radical -políticamente hablando-?
Según la RAE: 1.Partidario de reformas extremas.
2. Extremoso, tajante, intransigente.
¿Es el adjetivo radical positivo, negativo o neutro?
Lo que es evidente es que contiene cantidad de matices y connotaciones, y la mayoría de ellas son negativas.
¿Pero, por qué, como al parecer sucede, el "espíritu radical" (o combativo) se difumina con el tiempo (edad)? ¿Es inherente a la edad adolescente? ¿Qué es lo que sucede para que esta forma de pensar-actuar vaya diluyéndose?
La comodidad superficial o material que ofrece el sistema capitalista a quienes deciden integrarse o sucumbir a él, o a quienes ni siquiera saben que viven bajo el control constante de los agentes económicos (controlados al fin y al cabo por personas) provoca el olvido de los valores de lucha y compromiso que acechan en la juventud. Al fin y al cabo, aunque el humano sea un ser gregario, en sus adentros esconde una individualidad pura, no son parte de un grupo a nivel mental, pero, quieran o no, lo forman. Llegados a este punto es necesario aclarar que esto es algo íntimamente ligado a la conciencia de clase, al fin y al cabo, la "clase social" es un grupo al que irremediablemente se pertenece en un sistema capitalista.
De esta manera, la atomización que provoca, paradójicamente, este sistema, conlleva la disminución de esta conciencia de grupo, y esta atomización se incrementa cuando el hombre se introduce al mercado laboral. Llegamos a otro punto clave. La precariedad hábilmente instalada en todos los ámbitos nos lleva a sentirnos privilegiados cuando tenemos un techo, un plato de comida, un abrigo o un trabajo, cuando, en realidad, este debería ser el punto de partida básico para todo ser humano.
Por tanto, teniendo un "ejército de reserva" de parados, podemos precarizar aun más el mercado de trabajo, haciendo que los trabajadores se sientan verdaderos privilegiados cobrando 700€ al mes, y, así, conseguir también que ni se les pase por la cabeza manifestarse o informarse. Es así como se acomoda al trabajador medio para idiotizarlo y meterlo al rebaño.
Pero retrocedamos algo en la historia: durante los años formativos las personas forman parte de grupos, fácilmente identificables, pero las clases dentro de un aula no son tan patentes ni tan provocadoras de puntos de ruptura como lo pueden ser en el mercado laboral. He aquí uno de los problemas subyacentes de la proliferación de la educación privada.
Las abismales diferencias provocan abismales conflictos.
Nunca voy a camb...
Es curioso que afirme con esta rotundidad cosas tan básicas como lo son mi filosofía de vida, mis intenciones a medio y largo plazo y mi forma de enfrentarme a las cosas.
Digo que es curioso porque, si con 15 años me permitieran ver mi yo actual, no tardaría en pedir la devolución del dinero por estafa. Lo único que me hace replantearme que esto no será así en el futuro, lo único que hace que dibuje una sonrisa de incredulidad cuando me veo dentro de 5/10 años de forma totalmente diferente a la que soy y siento ahora, es que confío plenamente en que este "cambio" es definitivo, más que nada, porque no es un cambio de corsé, sino la compra del billete de un barco que se aleja del mundo de la reja y los límites, que viaja a la deriva y se dirige a ninguna parte, para así poder anclarme en el puerto que quiera, cuando quiera.
Y, cuando lo decida, soltar amarras y largarme a otro escenario, no sin antes haber adquirido un rifle para fusilar cualquier línea opaca que se me presente por delante de mi camino.
La conclusión es, que no me queda otra que pensar que no me he equivocado, que mis cimientos son estables y que nunca soportarán más peso para el que originalmente fueron diseñados. Sólo me queda eso, aferrarme a la confianza que tengo en ellos para poder así avanzar hacia el tejado de una u otra forma, sin mirar más de lo necesario hacia atrás.
No me pidas ese favor.
Digo que es curioso porque, si con 15 años me permitieran ver mi yo actual, no tardaría en pedir la devolución del dinero por estafa. Lo único que me hace replantearme que esto no será así en el futuro, lo único que hace que dibuje una sonrisa de incredulidad cuando me veo dentro de 5/10 años de forma totalmente diferente a la que soy y siento ahora, es que confío plenamente en que este "cambio" es definitivo, más que nada, porque no es un cambio de corsé, sino la compra del billete de un barco que se aleja del mundo de la reja y los límites, que viaja a la deriva y se dirige a ninguna parte, para así poder anclarme en el puerto que quiera, cuando quiera.
Y, cuando lo decida, soltar amarras y largarme a otro escenario, no sin antes haber adquirido un rifle para fusilar cualquier línea opaca que se me presente por delante de mi camino.
La conclusión es, que no me queda otra que pensar que no me he equivocado, que mis cimientos son estables y que nunca soportarán más peso para el que originalmente fueron diseñados. Sólo me queda eso, aferrarme a la confianza que tengo en ellos para poder así avanzar hacia el tejado de una u otra forma, sin mirar más de lo necesario hacia atrás.
No me pidas ese favor.
lunes, 7 de noviembre de 2011
me against the wor(l)d
Allá vamos, necesito descubrir algo nuevo y esto no pinta mal, dejar impresos mis pensamientos entre ceros y unos no me parece tan mala idea, aunque tampoco me parece buena del todo. En fin, a eso se reduce todo, al ámbar que da ese sentido, esa chispa, al fin y al cabo los otros siempre fueron muy previsibles, demasiado alineados y alienados con y por la línea recta, el rojo y el verde, el sí y el no. Lo ambiguo es infinitamente más especial, más interesante y más...ambiguo. Lo que sea, a mí, me gusta.
Volviendo a domingos de noche eterna, teorizando sobre idioteces en conversaciones que sólo pasan entre los portales del vecindario de mis neuronas para no salir jamás de ahí, como una relación que vive con temor a romperse por las incursiones ajenas. Realmente es sólo eso, representa mi centímetro, ese que nunca nadie, jamás, podrá poseer o si acaso penetrar. Quizás sólo en los momentos que se convierten en especiales, en esos momentos que te gustaría que perduraran años, incluso que ocuparan toda tu existencia, y que a la misma vez comprendes que, si realmente tienen algo de especial, es porque son eso, momentos, que llegan, pasan y fin.
La puerta abierta.
Volviendo a domingos de noche eterna, teorizando sobre idioteces en conversaciones que sólo pasan entre los portales del vecindario de mis neuronas para no salir jamás de ahí, como una relación que vive con temor a romperse por las incursiones ajenas. Realmente es sólo eso, representa mi centímetro, ese que nunca nadie, jamás, podrá poseer o si acaso penetrar. Quizás sólo en los momentos que se convierten en especiales, en esos momentos que te gustaría que perduraran años, incluso que ocuparan toda tu existencia, y que a la misma vez comprendes que, si realmente tienen algo de especial, es porque son eso, momentos, que llegan, pasan y fin.
La puerta abierta.
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