Y lo es precisamente porque es excepcional. Lo es porque no todos los días se encuentran islas para naufragar, lo es porque supone un pico, una salida de esa media tan angustiosa. Por desgracia, la excepcionalidad es un don escaso por definición. Si esto ocurriera más a menudo, se convertiría en corriente, en vulgar, y se apuntaría en el diario de viaje: "Nada que reseñar".
Es por esto mismo que, por mucho que nos pese a veces, elegimos la otra vía, la diferente, la difícil, pero sin duda alguna, joder, la mejor. Porque ir contracorriente es duro, sí, pero de vez en cuando, al secarse el agua que empaña los ojos, todo se ve más claro, todo se ve. Y es un precio muy digno a pagar.
Por lo tanto, esperar que todo despierte algo en nosotros no es más que una vía hacia la desesperación, y de las más rápidas; no esperar nada y sorprenderse, aunque sea muy de vez en cuando, es lo más cercano a un milagro que yo he conocido.
Aun así, no es fácil comprender a los llenos, a los felices, a los que ya se han cansado de buscar y se tapan los ojos creyendo que han encontrado, y se niegan ya a seguir buscando, en definitiva, a los muertos. Y sí que es fácil desquiciarse buscando su fórmula, el problema es que, una vez que has derrumbado el muro de delante, ese que pone con pinturas en escala de grises: "Soy feliz", jamás vas a querer o poder reconstruirlo. Y no es esto, en absoluto, malo o evitable, todo lo contrario. Para derribarlo hay que tener valor, y tú lo tienes, no te engañes. No te tortures, no lo hagas en exceso, al menos. A veces es bueno torturarse, aunque sea un poco, para así encontrar algo de alivio.
Y si quieres torturarte, al menos déjame escuchar el sonido del látigo, y así poder reírnos juntos. Y si quieres hacerlo, hazlo en mi barca, que siempre es lo suficientemente grande para quien lo merece. Pero déjame mi rato de oscuridad, que mis demonios son muy tímidos. No te preocupes, no volveré. Porque nunca me voy a ir. No si tú no quieres. Miraremos a los malditos benditos, y brindaremos por haber elegido lo contrario, por montar en la barca y remar río arriba, montaremos con tu látigo, con mis demonios, y nos reiremos de los que pasan río abajo, disfrutaremos de sus caras de cuerdos mirando con incredulidad hacia nosotros. Siempre que tú quieras. Ya sabes, tú eliges.
No hay mundo perfecto
Que nos consiga conquistar
La mierda, lo cierto,
Es que nos une un poco más
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