miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Puede Ícaro dormir?

A veces no me queda otra que preguntarme si represento una isla en este mar de azufre. Y, aunque la respuesta sea afirmativa, no puedo dejar de pensar en los jodidos salpicones que pueda sufrir por ello, sean o no voluntarios. ¿Es así como continúa la historia? ¿No hay ningún giro inesperado? Si es así, vaya mierda de guión, ¿no?

Si quiero seguir firme debo pensar que no lo es, que al menos hay más islas, aunque nuestra vista no alcance a verlas, y que se pueden tender puentes entre ellas para así fabricar diques que destruyan el mar, que lo fraccionen hasta convertirlo en vergonzosa excepción.

Y es que, una vez cruzas la línea, no importa cuánto avances, la cuestión -como diría Hamlet- es que la cruces o no. Que te zambullas en ese turbulento mar... ¿qué importará que sólo te mojes los pies o que te capuces? Ya lo has tocado, has cruzado la línea.


¿Que quién soy yo para poner o quitar líneas? Nadie. Por eso me remito a hechos, no aplico mi propia escala porque sería, además de injusto, prepotente. Si hay que delimitar, que sean los hechos y no las abstracciones (delimitar o morir, pero con mis propias reglas).

Es ahora cuando me pregunto si esas personas (aunque estén totalmente carentes de valores, o aunque los tengan convenientemente adaptadas al hábitat que ocupan) tienen conciencia. Si saben realmente el daño que pueden ocasionar a seres de su misma especie con su acción o inacción. Y es que no soy capaz de concebir cómo el peso en tu mano puede vencer al de tu cerebro, al de tus principios. Sólo puedo respetar que se ignore al cerebro cuando el peso del vacío estomacal, el del instinto, aparece. Ese es el gran logro de este sistema, mantenernos en el borde de la navaja del instinto, haciendo que nunca podamos racionalizar más de lo debido para que nunca se escapen las riendas de sus manos, manteniendo una precariedad prefabricada para los Dédalos que componen este mundo. ¿Y es así como se quiere llegar alto? ¿Es así como tocaréis el sol? No contéis conmigo para ello, idotas. La cuestión es que no hablamos de personas de poco peso, en ninguno de los sentidos posibles.

Hablamos de Ícaro, de un tipo de ser que traicionaría a su propio padre, su mentor o a quien deposita de una u otra forma su confianza en él, por estar un poco más cerca de su paraíso, de su ahogamiento en la abundancia. Hablamos de seres que no tienen la más mínima idea de llegar al paraíso (como cualquiera) y hacen lo poco que saben, daño. Hablo de Dédalos, de miles de millones de Dédalos que fabricamos alas para otorgárselas a quien se supone no nos decepcionará ni traicionará. Ya es hora de que Ícaro se busque sus alas, o que, al menos, no traicione de una forma u otra a su Dédalo. Respecto a la pregunta que da título, sólo puedo decir: Espero que no, y si lo hace, que sea eternamente, ya sea con los peces o enterrado bajo tierra debido a su caída en barrena hacia el suelo.


Fabricais jóvenes locos,
competitividad es el demonio de la educación que dais
 

2 comentarios:

  1. Sales de tu estancamiento literario con fuerza, decisión y una retórica ofensiva que es excitante.
    Si las líneas existen es necesario delimitar dónde se encuentran, y lo que me produce más intriga, ¿quién decide cuando se ha sobrepasado esa línea?
    Hoy me siento revolucionaria y anticapitalista, por eso te digo que este sistema es una mierda grande y perfectamente estudiada. No puedes salir de ella aunque quieras, aunque tus principios se vean con mierda hasta el cuello, aunque la mierda te obstruya las fosas nasales no podrás dejarla a un lado. Es la magia del capitalismo, lo necesitas para vivir, y vivir es lo único que está por encima de todo.
    Por otro lado, hablamos de nuevo de paraísos y voy a tener que decirte que te remitas a mi blog para esta última parte de mi comentario. Me has inspirado.

    ResponderEliminar
  2. Las líneas existen, el problema es que hay personas que se creen con la capacidad de trasladarlas a su antojo. Por ello mismo hablo de hechos objetivos, por eso hablo de acción o inacción, porque nadie es lo suficientemente justo y objetivo para hacerlo de forma imparcial, por eso me parece prepotente juzgar a una persona en función de tus valores, porque jamás tendrás la seguridad de que sean los adecuados, júzgate a tí mismo, pues tú y sólo tú eres dueño de tus valores y tus acciones.

    Termino con una frase de un enorme actor en una enorme película [...]mi opinión sólo puede ser subjetiva,objetivos son los objetos[...], por lo tanto, sólo estamos en posición de juzganos a nosotros mismos, y hasta de eso dudo.

    ResponderEliminar