martes, 8 de noviembre de 2011

Radicalidad descendente

Antes de cualquier sesión de divagación absurda, conviene aclarar exactamente sobre qué absurdos vamos a emplear nuestros minutos.

 ¿Qué entiendo por radical -políticamente hablando-?
Según la RAE:  1.Partidario de reformas extremas.
                          2. Extremoso, tajante, intransigente.

¿Es el adjetivo radical positivo, negativo o neutro?
Lo que es evidente es que contiene cantidad de matices y connotaciones, y la mayoría de ellas son negativas.

¿Pero, por qué, como al parecer sucede, el "espíritu radical" (o combativo) se difumina con el tiempo (edad)? ¿Es inherente a la edad adolescente? ¿Qué es lo que sucede para que esta forma de pensar-actuar vaya diluyéndose?

La comodidad superficial o material que ofrece el sistema capitalista a quienes deciden integrarse o sucumbir a él, o a quienes ni siquiera saben que viven bajo el control constante de los agentes económicos (controlados al fin y al cabo por personas) provoca el olvido de los valores de lucha y compromiso que acechan en la juventud. Al fin y al cabo, aunque el humano sea un ser gregario, en sus adentros esconde una individualidad pura, no son parte de un grupo a nivel mental, pero, quieran o no, lo forman. Llegados a este punto es necesario aclarar que esto es algo íntimamente ligado a la conciencia de clase, al fin y al cabo, la "clase social" es un grupo al que irremediablemente se pertenece en un sistema capitalista.

De esta manera, la atomización que provoca, paradójicamente, este sistema, conlleva la disminución de esta conciencia de grupo, y esta atomización se incrementa cuando el hombre se introduce al mercado laboral. Llegamos a otro punto clave. La precariedad hábilmente instalada en todos los ámbitos nos lleva a sentirnos privilegiados cuando tenemos un techo, un plato de comida, un abrigo o un trabajo, cuando, en realidad, este debería ser el punto de partida básico para todo ser humano.

Por tanto, teniendo un "ejército de reserva" de parados, podemos precarizar aun más el mercado de trabajo, haciendo que los trabajadores se sientan verdaderos privilegiados cobrando 700€ al mes, y, así, conseguir también que ni se les pase por la cabeza manifestarse o informarse. Es así como se acomoda al trabajador medio para idiotizarlo y meterlo al rebaño.

Pero retrocedamos algo en la historia: durante los años formativos las personas forman parte de grupos, fácilmente identificables, pero las clases dentro de un aula no son tan patentes ni tan provocadoras de puntos de ruptura como lo pueden ser en el mercado laboral. He aquí uno de los problemas subyacentes de la proliferación de la educación privada.

Las abismales diferencias provocan abismales conflictos.

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