Joder, me revienta tanto mirar hacia atrás y ver que he perdido mi tiempo, mis ratos, mi saliva... en gente y situaciones que ni merecían mi tiempo ni mi atención, que llego incluso a cabrearme y pensar que he sido realmente idiota. Probablemente.
Suerte que, de vez en cuando, te recuerdan que no todo van a ser equivocaciones, que no todos los ratos van a ser malos y que, por suerte, por este camino sin andar todavía podemos encontrarnos con mentes que son capaces de colorear una noche, aunque sea melancólica o gris, con ayuda del ambiguo ámbar que tan bien lubrica conversaciones, llegando a hacerlas hervir también en su justo punto, o con un verde lleno de esperanza y sensación de embudo en tu mente.
Realmente son esos ratos los que merecen la pena, son esos los que recuerdas cuando miras hacia atrás, los que subrayas en color en tu agenda imaginaria del pasado. Y es entonces cuando pienso de nuevo... (es curioso que siempre haya algo digno de recordar o de continuar) en esa conversación: ¿que si me gustaría ser idiota?¿que si me gustaría ser feliz? Creo que soy feliz siendo infeliz, es el peso con el que debemos cargar, no es algo que muchos entiendan pero, por suerte o por desgracia, ambos entramos en el grupo de felicidad a través de la infelicidad. Nos tocó ahí. Y a mi me gusta, joder que si me gusta. Vale que es más cómodo, más simple... quizás por eso tengo esa extraña admiración hacia el salmón, me gusta el camino difícil, y no por nada, sino porque normalmente, suele ser el que más se disfruta, o al menos yo. Lo mismo estoy loco, pero repito: me encanta.
To be a rock, and not to roll.
Stairway to Heaven...es un buen punto para comenzar. Subimos (o bajamos) hacia ese punto donde creemos que se encuentra el paraíso. Quizá aún mejor, nuestro paraíso, el que cada uno dibuja en su mente.
ResponderEliminarYo aún sigo en la lucha de descubrir ese color que me da vida, que me lleva a bajar o subir escaleras. De momento disfruto de mi locura, y sí, también me encanta.